28 mar 2011

Sacudidas de una realidad difusa.

Una nueva sensación me recorre el organismo.
Como de costumbre, no sé qué es.

En el colegio deberían impartir clases de psicología y fases de la emoción...tanta cultura general, tanto cáculo, para después llevarte media vida preguntándote qué, cómo, por qué, dónde y el que ahora está de moda: cuánto cuesta.
Maldita sea.
Con lo fácil que sería dejarlo fluir todo.
Como cuando escuchas música clásica, se te acelera el pulso y tu mente ondea junto a las notas en un espeso e infinito cosmos.
No sé, supongo que es algo parecido...no se me da bien describir ciertas cosas.
Es frustrante cuando tienes miles y miles de cajas apiladas, repletas de información, esperando a que sean desembaladas.
Metáforas, metáforas...
Estoy harta de lo abstracto.
Me arrancaré el corazón.
O el estómago...que dicen que es ahí donde están los sentimientos.
Y adiós problemas.
...Así que el alma es el estómago...qué asco...
Aunque ahora que lo pienso...
Creo que son náuseas.
Tengo la impresión de que algo va a ir mal.
Uf, uf, ésto no me gusta.

23 mar 2011

Dos faros para el barquito de vela.


Y aparecieron dos huracanes.
En plena tempestad, ahí estaban.


La tormenta se me hacía calma.
Un mar de problemas que dejaría estancar durante un tiempo, hasta que tuviera el poder de hacerla amainar.
Pero mis planes duraron bastante poco.
De un momento a otro, y sin darme la más mínima cuenta, tenía dos potentes tifones jugando con las válvulas de mi corazón.
Dos días, sólo hizo falta eso.
Dos días y dejaron que mi sangre corriera tan rápido como los minutos que tardé en querer sin duda alguna tenerlos en mi vida.
Revolvieron todos mis esquemas y me pusieron la vida patas arriba.
Un remolino de luces que me hizo girar y girar hasta perder el equilibrio, cayendo en un claro fin.
Fin que no es más que el principio.

El principio.
Porque aparecen dos huracanes.
Cuando ya todo está en calma. Y no se irán.

10 mar 2011

¿Por dónde se fue?

¿Por qué cuando la necesitas no está?.
¿Por qué cuando más te apetece dar una vuelta, ella no quiere acompañarte?.
Es egoísta.
Una engreída y caprichosa.
Sin ella no hacemos nada y lo sabe.
Le gusta estar yendo y viniendo entre tus sábanas y escondiéndose tras esas cortinas que no tienes.
Llegar, susurrarte un par de palabras al oído y volver a largarse dejándote con la miel en los labios.
Así no se hacen las cosas.
A mí me gusta la miel a cucharadas.
Y cuando el bote esta vacío...me frustro.
Yo lo intento, juro que lo intento. Pero sola, muchas veces, no puedo.
No me ayudan ni los mejores hits de Pink Floyd, ni un baño relajante y apuesto lo que sea que tampoco me ayudaría mucho fumarme algún peta.
De donde no hay, no se puede sacar.
Y es eso lo que me planteo muchas veces: Si realmente yo tengo.
Unos cuantos dicen que sí, otros muchos que no tanto...pero bah...,
¿quién se fía hoy en día de la gente?.
Yo la primera, por desgracia.
Aunque con este tipo de cosas soy bastante escéptica.
Nunca hago las cosas bien...o simplemente ni las hago.
Y otra vez vuelvo a hablar de mí...¿Veis? eso sí se me da bien: hablar de mí.
Pero ahora no hablamos de esta enorme aunque poca cosa con patas.
Hablábamos de ella.
De ella y de que es su culpa toda la sarta de tonterías que acabo de soltar.
Inspiración...: ahora mismo no estás siendo precisamente de mi agrado.
¡Me voy a declarar en huelga!

4 mar 2011

Quimeras...

Sueños.
Sí, malos sueños.
Sueños tan reales que podrías envejecer en ellos.
Sueños que te aceleran el corazón, te cortan la respiración y te aplastan el estómago hasta que no quieres mas que vomitar todas tus entrañas.


Camino tranquila por una serena avenida del centro de la ciudad custodiada por bloques de pisos familiares.
Hace un día extraño, temperatura ambiente con nubes tintadas de polución.
Es entonces cuando un estruendo llega hasta mis oídos. Un Peugeot de color negro pasa por mi izquierda con el parachoques que antes formaría parte de un bonito Lexus blanco incrustado en el maletero.
Me giro hacia atrás preocupada por lo que haya podido ocurrir mientras el coche negro retrocede en dirección contraria por la avenida.
Allí estaba, un elegante Lexus familiar con una joven mujer y un niño en su interior. -Creo que va a necesitar unas reparaciones-
El Peugeot avanza por la carretera y aún ninguno de los dos puede salir. Gritan, forcejean, llaman a emergencias...¡CRASH!
El Lexus pasó a mejor vida, y una esclavita de plata bañada de granate fue a parar a mis pies, ...supongo que Ángel y mamá también.
-Ángel, curioso nombre...-

Ese cabrón sigue vivo. Acaba de aparecer tras la chatarra, lleno de magulladuras.
-Pasaría por un hombre normal si su cara no pareciese sacada del mismísimo infierno.-
Recorre la calle pasando junto a mí sin ni siquiera mirarme, no se percató de mi presencia.
Andaba como si el mundo fuese suyo y aquello hubiese sido sólo una anécdota del videojuego que le esperaba en casa.
Cruza la calle, y roba otro coche con tanta habilidad que parece hacerlo todos los días.
Acelera. Un coche patrulla aparece por la derecha a toda velocidad.
Acelera aún más.
Ambos coches chocan de frente y dan juntos una vuelta en el aire desplazándose varios metros a lo lejos, pero alcanzo a ver.
El coche patrulla está aplastado, probablemente ellos también.

Mi propia voz me saca de mi petrificación: - ¡Claudia, CORRE! -
Así que me dirijo lo más rápido que puedo a unos soportales situados a mi espalda hasta esconderme detrás una columna.
El agente está consciente e intenta salir a rastras por la ventanilla del conductor.
El loco hijo de perra también continúa respirando y escapa fácilmente.
Sube por las tripas del coche, que ahora apuntan al cielo y le propina al policía dos disparos limpios al corazón.

-Estoy perdida.-
- ¡Escóndete, inútil! ¡Escóndete y no asomes ni un centímetro de esa estúpida cabeza! -
Así que me coloco de pie tras la columna, con la cara pegada al ladrillo y los brazos casi fusionándose con mi cuerpo.
Está lejos. Hay más de 80 metros entre nosotros.
De pronto unos disparos rompen el silencio y veo como las esquinas de la columna comienzan a mellarse.
-Mierda. Estoy muerta.-
No me atrevo a moverme.
Si miro, muero. Si corro, muero. Pero si no me largo de aquí ya estoy muerta.
Huyo lo más rápido que jamás habría podido imaginar.
-Ese tío tiene una pistola y yo sólo mis pies. Cuestión de lógica.-
En pocos segundos estoy trepando por unos macetones hasta un balcón.
Los disparos no cesan. -Suerte que tiene mala puntería.-
Salto la barandilla hasta la terraza y me cierran la puerta en las narices.
<¡JODER, NO, ABRIDME!>
Él sube detrás mía.
<¡ABRIDME, MALNACIDOS, ABRIDME!>
-No quiero morir.-
<¡ABRID LA PUERTA, JODER!>
Una mano aparece agarrando fuertemente la barandilla.
Un impulso y aparece su cabeza.
Me dejo caer apoyada en el cristal, mirándole fijamente.
El frío me raja la espalda.
<...Abridme...>
Veo la pistola.
Tres gotas recorren mi cara, una roja, dos saladas...
Ya no veo nada.

Sueños.
Sí, malos sueños.
Sueños tan reales que das gracias por que sólo sean éso.