4 mar 2011

Quimeras...

Sueños.
Sí, malos sueños.
Sueños tan reales que podrías envejecer en ellos.
Sueños que te aceleran el corazón, te cortan la respiración y te aplastan el estómago hasta que no quieres mas que vomitar todas tus entrañas.


Camino tranquila por una serena avenida del centro de la ciudad custodiada por bloques de pisos familiares.
Hace un día extraño, temperatura ambiente con nubes tintadas de polución.
Es entonces cuando un estruendo llega hasta mis oídos. Un Peugeot de color negro pasa por mi izquierda con el parachoques que antes formaría parte de un bonito Lexus blanco incrustado en el maletero.
Me giro hacia atrás preocupada por lo que haya podido ocurrir mientras el coche negro retrocede en dirección contraria por la avenida.
Allí estaba, un elegante Lexus familiar con una joven mujer y un niño en su interior. -Creo que va a necesitar unas reparaciones-
El Peugeot avanza por la carretera y aún ninguno de los dos puede salir. Gritan, forcejean, llaman a emergencias...¡CRASH!
El Lexus pasó a mejor vida, y una esclavita de plata bañada de granate fue a parar a mis pies, ...supongo que Ángel y mamá también.
-Ángel, curioso nombre...-

Ese cabrón sigue vivo. Acaba de aparecer tras la chatarra, lleno de magulladuras.
-Pasaría por un hombre normal si su cara no pareciese sacada del mismísimo infierno.-
Recorre la calle pasando junto a mí sin ni siquiera mirarme, no se percató de mi presencia.
Andaba como si el mundo fuese suyo y aquello hubiese sido sólo una anécdota del videojuego que le esperaba en casa.
Cruza la calle, y roba otro coche con tanta habilidad que parece hacerlo todos los días.
Acelera. Un coche patrulla aparece por la derecha a toda velocidad.
Acelera aún más.
Ambos coches chocan de frente y dan juntos una vuelta en el aire desplazándose varios metros a lo lejos, pero alcanzo a ver.
El coche patrulla está aplastado, probablemente ellos también.

Mi propia voz me saca de mi petrificación: - ¡Claudia, CORRE! -
Así que me dirijo lo más rápido que puedo a unos soportales situados a mi espalda hasta esconderme detrás una columna.
El agente está consciente e intenta salir a rastras por la ventanilla del conductor.
El loco hijo de perra también continúa respirando y escapa fácilmente.
Sube por las tripas del coche, que ahora apuntan al cielo y le propina al policía dos disparos limpios al corazón.

-Estoy perdida.-
- ¡Escóndete, inútil! ¡Escóndete y no asomes ni un centímetro de esa estúpida cabeza! -
Así que me coloco de pie tras la columna, con la cara pegada al ladrillo y los brazos casi fusionándose con mi cuerpo.
Está lejos. Hay más de 80 metros entre nosotros.
De pronto unos disparos rompen el silencio y veo como las esquinas de la columna comienzan a mellarse.
-Mierda. Estoy muerta.-
No me atrevo a moverme.
Si miro, muero. Si corro, muero. Pero si no me largo de aquí ya estoy muerta.
Huyo lo más rápido que jamás habría podido imaginar.
-Ese tío tiene una pistola y yo sólo mis pies. Cuestión de lógica.-
En pocos segundos estoy trepando por unos macetones hasta un balcón.
Los disparos no cesan. -Suerte que tiene mala puntería.-
Salto la barandilla hasta la terraza y me cierran la puerta en las narices.
<¡JODER, NO, ABRIDME!>
Él sube detrás mía.
<¡ABRIDME, MALNACIDOS, ABRIDME!>
-No quiero morir.-
<¡ABRID LA PUERTA, JODER!>
Una mano aparece agarrando fuertemente la barandilla.
Un impulso y aparece su cabeza.
Me dejo caer apoyada en el cristal, mirándole fijamente.
El frío me raja la espalda.
<...Abridme...>
Veo la pistola.
Tres gotas recorren mi cara, una roja, dos saladas...
Ya no veo nada.

Sueños.
Sí, malos sueños.
Sueños tan reales que das gracias por que sólo sean éso.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Pero tú qué tienes en tu mente?!

Mrs. Freeman dijo...

Afuf...habría que analizarlo durante muuucho tiempo, me temo xD

Pablo dijo...

Estos son los momentos en los que me alegro de no recordar casi nunca lo que sueño xD

Mrs. Freeman dijo...

Jajaja Lo mismo digo, mala suerte la mía que ésta haya sido una de las pocas que recuerdo...la tercera en toda mi vida, que yo sepa xD