24 jun 2012

Tiempo. Vida. Presente.


Avaricioso fue el hombre por inventar el tiempo, tan sólo con la intención de medir.
Craso error cometió creando una herramienta que nos permitiera restarle importancia al presente, y hacernos abarcar más cosas de las que podemos hacer frente.
De hecho, ese medidor sólo tiene una unidad: el ahora.
El ayer ya pasó, y el mañana todavía no ha llegado.
Y vivimos en un hoy del que nos despojamos como si fueran las ropas sucias que nos quitamos antes de irnos a la cama.
Si no hubiera meses, ni días, ni horas, sino un todo, eterno ahora,...las personas se concentrarían más en ser felices momento a momento, y no en sentarse a esperar a que llegue el supuesto destino.
Se levantarían decididos a conseguir sus objetivos.
Puesto que el tiempo es estático, y lo único que pasa realmente...
somos nosotros.

5 jun 2012

De cómo el karma te da tu merecido.


No creo en el karma, no creo en Dios, no creo en el destino ni en la suerte.
Para mí son conceptos ideados para ponerle nombre a situaciones que no conseguimos acabar de entender, o bien para buscar consuelo o excusa.
Pues bien: hoy el karma me ha jodido, y bien.
No intento echarle la culpa, sé que es mía y de mis circunstancias; tampoco quiero hacerme la víctima ni lloriquear a nadie, sólo confesarme y desahogarme.

Llevo mucho tiempo actuando como no es debido -o más bien ni siquiera actuando- y lo he sabido; lo he sabido, pero no he sido ni consciente ni consecuente. Cosas de la inmadurez, las malas épocas y el niñaterío.
Pero no hace mucho estuve replanteándome mi vida interna, el por qué de mis acciones, de mis apatías o hastíos; el por qué de no ponerle remedio, no ponerle fin, si realmente es lo que quiero desde hace tantísimo tiempo.
El por qué no saber cómo alargar el brazo, estando increíblemente sedienta, si el vaso de agua fresca está frente a mí.
Estaba completamente perdida. Vivía los días pensando que ya -por fin- había pasado uno más, que quedaba uno menos.
He pasado meses -años-, básicamente, teniendo el alma muerta en vida.
Triste es que diga esto una persona tan joven, lo sé.
A nadie le parece tan triste como a mí, y darme pena me entristece aún más, pero al menos es un leve paso.
Un tiempo dudé de, si no tuviese nadie a quien rendirle cuentas, realmente quisiera salir de ese círculo de hundimiento y castigo; porque como siempre digo, la comodidad y la autocompasión pueden ser infinitamente tentadoras.
Pero no se es feliz, y si lo es, sólo es ficticio, sólo lo parece, y por suerte -es una forma de hablar, ya he dicho que no creo en ella- tengo a personas a las que dar explicaciones y con las que sentirme avergonzada, y me he dado cuenta de que la primera de ellas soy yo, de que objetivamente no me sirve de nada hacer mil cosas por nadie, si no las acabo haciendo también por mí.
Sigo teniendo sed, pero tengo las coordenadas exactas de la ubicación del vaso, soy consciente de dónde está mi brazo, y de cómo activar la neurona que lo impulsa.
Mi yo alegre, optimista, activo, responsable, consecuente...está ahí, pidiendo que lo suelten para poder liarse a golpes con mi actual yo, temeroso del fracaso y a la par adicto a él.

Y hoy se me maldice.
He estirado el brazo, y me han alejado la mesa; me he incorporado, y se la han llevado lejos; me he levantado y dirigido hacia el vaso...y lo han derramado lentamente ante mis ojos.

Aunque ahora supongo que tan sólo tengo que buscar una jarra..., que ya os he dicho que no creo en el karma.