23 may 2011

Vendo mi voz.

Y doblas la esquina, y la vida te da una segunda oportunidad.

Dos mil once. Varón. Cincuenta y tres años. Nacido en Brooklyn, Nueva York.
Ex-alcohólico, ex-drogadicto, sin-techo. Limpio desde hace dos años.

Mil novecientos setenta y dos. Ted Wadlow. Tenía catorce años.
Su instituto programó una excursión para visitar la radio local, cosa que a Ted le apasionaba verdaderamente puesto que siempre había admirado esa profesión.
Los alumnos llegaron, y el profesorado les presentó a Raymond Joel Loosle, el muy bien conocido locutor; a pesar de su humilde puesto en aquel pequeño negocio.
Cuan grande fue la sopresa del chico cuando descubrió un físico que para nada correspondía al que él asociaba con la voz del increíble R.J Loosle.
Así que se acercó haciéndose hueco entre sus compañeros y le comentó la causa de su embebecimiento.

Señor Loosle, me llamo Ted, vengo con el colegio de secundaria Patrick Keiler, admiro mucho su profesión y a usted, ¿le importaría que charlásemos un rato? - inquirió tan educadamente como siempre, mientras en sus ojillos negros brillaba la ilusión.
- Por supuesto que no, hijo, dime, ¿de qué quieres hablar? - dijo con su típica voz tantas veces escuchadas en los anuncios de chicles Nelter's.
- Pues verá, al escucharle por la radio...siempre imaginé a un señor bastante alto y moreno..., no sé, como el típico jugador de baloncesto, pero...
- ¿Pero te has quedado de piedra al encontrarte con un enano panzón de pelo cano?...
Ted quedó en sinlencio, azarado, sin saber qué responder.
- Verás, Ted, te diré una cosa: La radio es el ineludible teatro de la mente, no olvides, chico. En la radio, todo es posible. - Y calló esperando respuesta.

Ted también calló, se dijo a sí mismo que no podría ser actor, lo que siempre le habría gustado, pero la voz es algo que podría entrenar y perfeccionar, y estaba dispuesto a lanzarse de lleno a ese mundo.
Y estudió para ello. Años más tarde ya estaría empezando su carrera como comentarista en un programa de música soul.
Nada extraordinario para empezar, lo que pudo encontrar: horas interminables, salario basura, y una planta seca desde hacía ya mucho sobre la mesa de grabación.

- Ah, joven Ted, ¡bienvenido seas a nuestra humilde morada! - dijo amablemente su nuevo jefe.
- Ganas tengo de empezar ya, señor, hacía mucho que no estaba tan nervioso... - contestó mientras secaba el sudor de sus manos sobre sus pantalones.
- No te preocupes, muchacho, cuando trabajas en algo que te apasiona tanto como a ti este oficio, ¡no supone el más mínimo problema! - intentaba animarle.
- Gracias, jefe, prometo hacer incluso más de lo que pueda. - afirmó sintiéndose más que realizado.

Mil novecientos noventa y tres. Ted ha tenido anteriormente problemas en su vida, con su trabajo y con el alcohol, lo que le hace caer de lleno en las drogas hasta que es despedido, y el banco, a falta de ingresos por parte de éste, decide dejarle en la calle.
Esta desagradable trayectoria le lleva a verse envuelto en acusaciones de robo, posesión de narcóticos, falsificación e incluso acaba con una citación por pederastia (de la que luego fue resuelto inocente) y por consiguiente le son impuestas dos condenas de tres y dos meses, que deberá cumplir en la prisión de McFarland en Queens, Nueva York.
Estaba casado y ya era padre de ocho hijos cuando ésto ocurría, pero la que era su esposa, harta de todo, optó por separarse de él.

- Lilliam, cariño, sé que os hago daño a ti y a los niños, pero ésto es más fuerte que yo, me atrapa...Yo os quiero y moriré si no os tengo, sería mi perdición...no me hagas esto... - le suplicaba abatido mientras ella lloraba con la frente apoyada en sus brazos, sobre la mesa.
- No empieces con eso otra vez, por Dios, estás acabado, ¡estamos arruinados!, ¿qué pretendes darle de comer a tus hijos?, ¿eh?...¡contéstame!... - se irguió en la silla, disgustada.
- Cariño, te lo ruego...
Lilliam cesó de llorar. Decidida, se secó las lágrimas y comenzó a correr por la casa, recogiendo todas sus pertenencias, mientras él le seguía.
- Ted, esta vez hablo completamente en serio. Llevo más de cuatro años esperando a que éso sea cierto. Ya no importa lo que hagas, ni importa lo que digas. ¡Si ya no tenemos ni donde vivir, por Dios!...Nos vamos. Recogeré nuestras cosas y pasaré a por los niños cuando salgan del colegio. - aseguró ella, más convencida que nunca, mientras se le partía el corazón.

Dos mil tres. Hacía diez años que vivía en la calle. Diez años que no veía a sus hijos ni a la que era su mujer. Y más de veinte que no sabía nada de su madre.
Su poca fuerza de voluntad no le llegaba mas que para levantarse por las mañanas y abrir un cartón de vino, o ganarse un dinerillo que se gastaría en un trozo de pan y en prepararse algo con lo que saciar el vicio.
No se conocen muchos detalles sobre esta avinagrada época de su vida.

Dos mil diez. Lleva dos años sin consumir ningún tipo de estupefacientes. Intentando bravamente dejar el alcohol.
Busca trabajo. Intenta salir adelante de todas las maneras que le son posibles. Han sido muchos años de sufrimiento, muchos años de desidia, y ya está más que cansado. No quiere seguir teniendo esa vida.
Continúa viviendo en la calle, como todo este tiempo atrás desde que prácticamente quedó sin nada, entre cartones, entre miseria, con un sólo colchón apulgarado como compañero, bajo una lona de plástico, al margen de una carretera a las afueras de Verona en Nueva Jersey, Nueva York.
Allí le ven a diario, ofreciendo servicios a los itinerantes, con un cartel en el que reza: "Tengo el don de la voz dado por dios. Soy un ex-anunciante de radio que ha caído en tiempos difíciles. Por favor, cualquier ayuda será gratamente apreciada. Gracias y que Dios le bendiga".

- Eh, mira lo que dice el cartel de ese hombre..."tengo el don dado por Dios de una gran voz"...¡vamos a escucharle! - le propuso Chris, que conducía, a su amigo, que iba grabando el viaje.
Se apartaron a un lado de la carretera, dispuestos a darle tiempo y propina a Ted, que nada más verles bajar la ventanilla se acercó a ellos.
- ¡Cuando no escuchas nada más que lo mejor, estás escuchando la "Magic 98.9"!...Muchas gracias... - les exclamó a los chicos, mientras se alejaba, para dejarles seguir su camino.
- Oh, vamos, dinos algo más, ¡suenas como un locutor de verdad, tío!, vamos a subir ésto a internet... - le contestaron al escucharle.
- ¡Y regresaremos con más, después de estas palabras!...¡No olviden que mañana a primera hora es su oportunidad para ganar un par de boletos para ver a este maravilloso grupo de jazz en un concierto en vivo!...Dios se lo pague. - agradeció Ted a los chicos, mientras recibía su propina y marchaban.

Dos mil once. Ted tuvo suerte. Mucha.
Los chicos de aquella autopista colgaron el vídeo en internet, éste llegó a manos de un periodista de renombre que estaba convencido de entrevistarle. Salió a la calle y compartieron una conversación sobre cómo había llegado hasta ahí, cuál fue el detonante y hablaron, por supuesto, de su voz.

- Buenas tardes. Hemos sabido que lleva muchos años viviendo en la calle, y que para ganarse la vida vende usted su voz...¿es que antes trabajaba con ella?, ¿era cantante o trabajaba a costa de ella?... - preguntó el periodista sin ningún tipo de escrúpulos.
- Sí, hace muchos años llegué a trabajar como anunciante en la radio...Fue algo que siempre quise hacer. Por malas elecciones he acabado viviendo así...no tengo otra forma...
- Dígame, ¿cómo es que ha acabado así?.
- ...Fui criado en Brooklyn, Nueva York, cuando tenía catorce años escuché a R.J Loosle, un locutor de nuestra radio local, y en un viaje escolar fui a conocerlo...No se veía para nada como sonaba, así que me acerqué, le pregunté por eso y me dijo: La radio es el ineludible teatro de la mente, y eso me convenció para que decisivamente quisiese acabar siendo uno de ellos...Pero después las drogas y el alcohol, y otras cosas, se hicieron parte de mi vida... - confesó Ted, conmovido.
- ¿Y por qué no decide cambiar de vida y salir de este mundo?... - continuó el interrogatorio.
- Llevo dos años limpio, e intento poner mi vida en orden. Tengo la esperanza de que alguien en una cadena de televisión o radio diga "eh, necesito tu voz"...o...cualquier cosa, de eso se trata. Amo la radio... - concluyó desahogado.

Desde entonces, grandes empresas no han cesado de ofrecerle distintos empleos a Ted, desde locutor, anunciante, presentador, tener su propio programa e incluso su propia película.
Y parece ser que esa buena racha continuó, puesto que logró dar con su madre, Abigail Wadlow, que ya contaba con noventa y tres años de edad, y con casi todos sus hijos.

Hoy por hoy, Ted sale del trabajo como locutor del que tanto había soñado disfrutar otra vez, vive con su hija menor, y da gracias contemplando feliz el techo del dormitorio de su nueva casa.



...*Basado en hechos reales*...

"Hoy por hoy, y por desgracia, pocos tienen suerte, a otros les llega tarde, y a la mayoría es probable que nunca les llegue; pero si desisten, siempre habrán formado parte de ese tercer grupo".

18 may 2011

*Onomatopeya de fastidio*

Supongo que la publicación de ciertos textos en este blog ha hecho que le tome un poco de adversión (será que no quiero regodearme en mis propias "desgracias") a una página que antes realmente me agradaba y a la que dedicaba mucha ilusión.
Eso, sumado a una enorme escasez inspirativa, me ha llevado a prácticamente abandonarlo, y es algo que no quiero que ocurra.
También es cierto que tengo un proyecto entre manos del que no sé qué saldrá, pero no es excusa.
Cada vez que abro el blog acabo cerrándolo hastiada al ver como, pese a atesorar (cuánto cariño le tengo) las mismas entradas, va quedándose vacío.
No sé qué hacer.
No quiero borrarlos, y, aunque sería una gran solución, sentiría como que, para colmo, retrocedo.
Me digo: "bueno, venga, inventémonos una bonita historia", y segura estoy de que podría, pero apenas queda en meras intenciones.
Me insisto: "ah, podría hurgar en algo que me haya pasado y que deba reflexionar", y aseguro que en ese aspecto estoy bien cubierta.
Y, como de costumbre en casos de emergencia, leo de todo a todas horas (aunque también es por puro gusto), para que algún párrafo interesante suscite algunas ideas sobre las que sacar algo.
Pero, dios santo, ¿¡por qué no puedo!?.
Me siento literaria y literalmente ausente.
E irónicamente...aquí va un nuevo texto (o restos regurgitados de...nada).
Vaya asco.

16 may 2011

Non c'è cosa più bella.

Siempre suscita ese efecto.
Desearía que esta sensación no acabase nunca.
Es algo que no consigo dilucidar, ni describir, ni dar a entender con alegorías ni metáforas...no obstante, todos lo habéis experimentado.

Ya puedes estar desalentado, rezumando dolor o sintiendo la más intensa felicidad.
Te palpita el corazón dentro y fuera del pecho, la garganta se te oprime, respiras profundo y se te eriza toda la piel.
Tu cuerpo adquiere cadencia, la creación se desvanece, y la melodía efectúa el resto.
Las notas te encauzan hasta un estado catatónico, donde no puedes hacer mas que dejarte llevar.
Todo es emoción: llorar de alegría y reír de pena. Te estremece.
Jamás he sufrido nada semejante hacia cualquier otro elemento de este mundo.
Puedo declarar a ciencia cierta que, desde que tengo uso de razón, idolatro, amo y venero la música.

...Y aún no comprendo cómo hay personas que sencillamente la ignoran.

9 may 2011

¿Has dicho "lucha"?

Yo no lo considero como tal.
Nunca lo haría.
¿No comprendes que ésto es sólo una forma de desahogarme?
¿Que no es a ti a la única que esta situación le hace daño?

¿Qué crees que soy? ¿adivina?
No, hija mía, no...
No esperes que escuche cuando de tu boca no ha salido palabra.
Cuando te encuentras con una puerta cerrada a cal y canto llega un punto en el que decides dejar de buscar la llave.
No tengo ni puñetera idea de cómo es tu vida, y cuando intento conocerla, me impides entrar.
¿Has estado ahí cuando lo he necesitado?. ¿Cuándo?, hazme el favor de refrescarme la memoria...
Casi siempre has venido a mí cuando no has tenido otra alternativa,
y yo no quiero eso.

No es que vaya por la vida de mártir, pero cuando te echan hasta de tu propia casa, poco queda que pensar.
Supongo que desde siempre hemos estado separadas y eso por desgracia no parece que vaya a cambiar.

La que a estas alturas ha de comprender las cosas eres tú, no puedo saber que estás molesta, por haber hecho yo algo inconscientemente, mediante iluminación divina.
Y me he quemado las manos. Muchas veces. Sobretodo contigo.
Así que deja de amurallar tu mundo contra mí, y explícate.

Que seguramente llegando a una edad...haya muchas cosas que acabe terminando por ignorar.

Cuando quieras, dispuesta estoy.
Porque sé que la vida algo te ha hecho cambiar.
Lo que no sé es con qué voy a encontrarme.