
La tristeza susurra en mi alma con gritos estremecedores, gritos que ensordecen mi mente y no me dejan pensar, gritos que los demás creen que no pueden conmigo pero que sin embargo son mi compañero más habitual, que me acompañan casi a diario...
matándome por dentro.
Gritos que abofetean la felicidad cuando intenta sentarse junto a mí,
gritos que procuro ocultar con una sonrisa forzada,
que al percatarse me retuercen las entrañas y me esclavizan a sus órdenes,
gritos que me dejan inmóvil mirando el techo de mi habitación,
que me transportan a un mundo de vacío y soledad;
Gritos que enmudecen nada más cruzar esa puerta...
dejando que por fin me muestre tal y como soy.
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